Desaliento

Letra de L. Castiñeira
Música de Armando Balliotti

Van plateando mis cabellos
las cenizas de los años.
En mis ojos no hay destellos,
pues la noche se hizo en ellos
al calor de un desengaño.

Y en mi drama sin testigos,
sin amor, sin esperanza,
sin amparo y sin amigos,
destrozado en mis andanzas
vuelvo al barrio que dejé.

A Dios le pido
que no me haga llegar tarde,
que la fe de mi viejita
es posible que me aguarde.

Y ante la puerta
del hogar abandonado
pondré una cruz
sobre las ruinas del pasado.

Y no soy torpe:
Hice trizas las quimeras
de mi buena viejecita
por aquella aventurera;

iba tan ciego y orgulloso como terco
que por una flor de cerco
por el mundo me arrastré.

Dando tumbos por mi huella,
sin rencor aunque maltrecho,
que una sombra -la de aquella-
no me guiaba más estrella
que me hirió dentro del pecho.

Hoy que pienso en mi viejita
resignada, noble y buena,
angustiada mi alma grita:
Cada cana es una pena
que le ha dado el hijo cruel…